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Spannabis: Crónica de un activista de la terreta

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Juan Giménez | Estaba realmente nervioso, tan sólo la semana anterior no tenía del todo claro acudir a la mayor feria cannábica del mundo. Sé que puede sonar ridículo así expresado, pero entiendan que para un castellonense que apenas ha salido de su pequeña ciudad pueda apabullarle cubrir un evento de semejante calibre, en Barcelona y, aunque me alegré una barbaridad de haber acudido, el viaje, como ya me temía, se iba a llenar de sorpresa y aventura.

Tras una mañana de imprevistos, me dirigí a Spannabis con nada más que un par de mudas de ropa interior, una sudadera, mi chaqueta y poco más de 40€. Un equipaje que esa mañana juzgué “Más que suficiente”, nunca he sido el más previsor y soy de los que improvisan a medida que avanzan, por lo que no me extrañé al encontrarme maldiciendo mi despreocupado carácter una vez hube dejado Castellón.

Tomé un Blablacar sobre las 13H, disfrutando de unos compañeros de viaje estupendos que no dudaron al prestarme su teléfono al haberse vuelto loco el mío nada más comenzar el viaje, (Con el consiguiente problema para proporcionar el código al conductor) y…tras unas cuantas horas de viaje en las que acabé, francamente, algo agotado de la inagotable conversación de una de las chicas que viajaba, por fin llegué a Barcelona. Lo flipé, ¡cuánta gente!, ¡qué variedad de estilismos!, ¡qué heterogeneidad! ¿cómo iba a guiarme en esa jungla urbana? si se me ha roto el teléfono y mi sentido de la orientación es como el de un niño de 5 años, pero debía llegar a Spannabis, iba a llegar a Spannabis. Así que comencé a deambular y a preguntar cómo podía llegar a la Fira de Cornellà. Por fortuna, conocí a una chica majísima que me explicó la ruta a seguir, compartió conmigo sus anécdotas de viajes y a la que deseo toda la suerte del mundo para cumplir su sueño de montar una Ecoaldea, viviendo de la agricultura ecológica que ya practica.

Un metro, un cercanías y varias indicaciones más bastaron para verme en Cornellà, al lado de Spannabis donde me recibió un agradable e inconfundible olor que me recordaba dónde me encontraba, otra vez el cosquilleo, mis nervios volvían. En cuanto entré me sorprendí por la cantidad de gente de otras nacionalidades que se encontraba allí…británicos, holandeses, italianos, etc. ¡Y todos unidos por su pasión hacia el cáñamo! era verdaderamente fantástico ver a gente de todo tipo de edad, nacionalidad o estética reivindicando su derecho al cannabis, comprando para el autocultivo.

Una vez dentro aprecié la disparidad de stands que se encontraban, había de todo, instrumental para analizar, ruletas verdes de la fortuna, revistas, abonos, semillas, papeles, vaporizadores…toda parafernalia, instrumento de horticultura o útil para fumar allí estaba, y a precios de verdadera ganga. También me fijé (cómo no hacerlo) en las despampanantes azafatas que atendían en algunos stands a las que, sinceramente, me era imposible quitarles el ojo de encima, a la vez me castigaba por ello. El que esas mujeres tan guapas, con un generoso escote, o con un llamativo vestido recortado hasta la fantasía del público masculino sean exhibidas como reclamo publicitario en un momento de plena candencia de la lucha feminista y, para más inri, en una feria donde se presenta un encuentro de mujeres cannábicas me resulta más que prescindible.

Encuentro entre esas mujeres que sufren el doble estigma de ser un colectivo altamente sexualizado en la industria cannábica y ser fumadoras. Acusadas de irresponsables por una sociedad altamente paternalista y machista, ellas defienden su derecho a tener una gran voz propia, por lo que el sábado, con nuestra compañera Anna como representante de las mujeres de Assonabis, presentaron la Red Estatal de Mujeres Antiprohibicionistas (REMA). Como explicaron Gemma Lago, Anna Obradors y Lisa Campbell (WomenGrow) se trata de una asociación de activistas del sector, comunicadoras, periodistas, economistas, médicas, empresarias, investigadoras, fundadoras o trabajadoras de asociaciones, compartiendo la ilusión de crear una red que promueva la participación y cohesión de la mujeres cannábicas, fomentando el debate sobre las oportunidades y problemas del sector. Una red de apoyo que permita empoderar y poder unir, a esas valerosas guerreras en un espacio donde poder expresarse libremente y sin ningún tipo de juicio de valor, que cada día demuestran poseer, sin un ápice de victimismo, sino mucha pasión, innumerables historias que contar sobre cómo es la vida de una persona que, más allá de ser consumidora o cultivadora de cannabis, es madre, abuela y/o trabajadora. Una espléndida y necesaria iniciativa que, de seguro, va a tener toda la relevancia que se merecen.

En el apartado musical del evento me chifló el Sr.Marküsen, hombre-orquesta con una atrevida propuesta en la que, con platillos, mesa de mezclas, sintetizador, una especie de “tubos” y alguna cosilla más conseguía arrancar unos sonidos de lo más singulares en pleno directo; lo que lo hacía ideal para disfrutar en un ambiente de buenos humos y dejar a la mente abstraerse en un singular viaje musical.

Pude asistir también al bloque científico de las charlas, el cual me planteó y resolvió algunas dudas que ni siquiera se me habían ocurrido, además de ahora poder entender mucho mejor la interacción entre el CDB y el THC, la esquizofrenia y su posible tratamiento con cannabis medicinal, la legislación existente en españa en cuanto al uso terapéutico o el efecto placebo en consumidores crónicos. Por otro lado, también aprendí de Kyle Kushman y su rompedora visión “Vegánica” de la nutrición del cannabis, la correcta poda de las plantas o el establecimiento de ciclos en la fase de crecimiento, en los que se le deja languidecer a la planta para hacerla “resurgir de sus cenizas” después.

Creo que la parte que atañe a la crónica termina aquí, y quisiera dar las gracias a aquellas alegres mujeres de las Ramblas que se agarran a tu brazo y son, poco menos que diligentes en sus amables “insinuaciones”, al amable inmigrante que accedió a venderme unas latas pasada la medianoche, a ese ángel de la guarda que fue para mí Dani, un valiente compañero de Assonabis que me ayudó a no perderme irremediablemente por alguna boca de metro o un barrio “chungo”, a mis colegas y socios de Assonabis Juan, Eddie y Joshua, por acogerme de imprevisto en el viaje de vuelta, a la dueña del hostal donde me alojaba, que me descubrió el punto de vista de una verdadera izquierdista sobre un, no tan loable, Felipe González en los años 80, a todas las personas con las que compartí un tiempo de viaje y, por último, a aquella inglesa que me derramó la cerveza enterita le deseo una terrible gastroenteritis.

That’s Spannabis, Folks!!

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