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Minorías en común, luchas en común: crónica de School of Activism cap. III

SoA III

Juan Giménez | La School of Activism (III) del pasado martes se celebró antes incluso de la hora acordada; en cuanto los ponentes estuvieron sentados en una mesa se llevaron a colación de manera improvisada unos planteamientos de lo más interesantes, quedando una mesa informal que casi consigue atraparnos y no subir al escenario a dar la charla. Demetrio nos contagió la pasión por su trabajo, hablándonos sobre la dura historia de persecución sufrida, cómo la mujer gitana era, en una España tradicionalista y católica hasta el tuétano,  una mujer independiente y “liberada” para con el modelo social de mujer que imperaba en aquellos tiempos o de la rebelión que protagonizaron los hombres, niños y mujeres romaní recluidos en Auschwitz, donde, armados con picos, palas, barras de pan duro o piedras, se enfrentaron a los nazis en la única revuelta conocida en el campo de concentración.

SOA III 4Una vez comenzado de manera formal el evento, Miguel empezó fuerte, recordando cómo se presentó en comisaría al discurso de “Soy Miguel Gimeno, tengo 42 años, 2 hijas, una pareja estable desde hace 25 años, soy oficial de registro de la propiedad y en mis tiempos libres cultivo cannabis”.

A continuación siguió un repaso a su trayectoria vital, rememorando las distintas leyes persecutorias y lo difícil de conseguir siquiera un catálogo de semillas; trayectoria en la que el cannabis ha sido una clara ayuda para diversificar vivencias, conocer a personas de muy distintos ambientes y ayudar a sobrellevar el estrés que un mundo así te provoca.

Demetrio desarrolló un discurso partiendo de las raíces prohibicionistas en los EEUU, donde los mexicanos trajeron la planta y se hizo popular en Nueva Orleans, capital del jazz. Gozando de gran popularidad entre colectivos marginados como lo eran el latino y el afroamericano, y haciéndose cada vez más famoso entre los jóvenes blancos que acudían a frenéticas noches de jazz, el cannabis no pasó mucho tiempo hasta ser objetivo de una reaccionaria población que, exigiendo su criminalización bajo pretextos tan delirantes como que los negros violaban a las tiernas muchachas blancas, o que la marihuana hacía entrar en una especie de violenta locura donde agredían o mataban a todo bicho viviente, consiguieron su prohibición. Un buen chivo expiatorio para el vomitivo racismo y aporofobia que eran los verdaderos motivos.

SOA III 2Vicente, supo conducir perfectamente el hilo del encuentro y, además, abrir otros interesantes frentes a discutir, formulando unos esenciales cuestionamientos como el papel que el estado desempeñaría en una futura regulación, pudiendo crear un “Monsanto Cannábico” o un cannabis adulterado, como ya ocurre con el tabaco y actualmente también se da en Ámsterdam, tal y como Miguel nos contó que pudo comprobar en un viaje reciente.

La charla derivó en un variado abanico de temas, como el uso de drogas en todas las religiones salvo las monoteístas, el ancestral uso humano de ellas para distorsionar la realidad, el gran oportunismo que existe en el mundo cannábico, con unas empresas que sólo miran el “business” y no dan la cara por el autocultivador o la importancia de estar orgulloso de plantar cannabis y no sentirse cohibido, pues la normalización es la lucha en común de toda minoría para ser aceptada.

Una charla interesante en extremo, donde se compartió la necesidad de normalización en toda minoría y el reafirmar el compromiso en pos de lograr la aceptación, una regularización que defienda la emancipación del capitalismo salvaje y un soplo de renovadas energías para el movimiento.

¡Todos somos minoría, juntémonos en la lucha contra los prejuicios que tanto daño nos hacen!

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